Cielos de papel

Cielos de papel

Cuando finalicé la lectura de El bueno de Oliver, cerré el libro y volví a mirar la portada y fijarme en el título. Tuve que sonreír ante tal muestra de ironía. Porque muchos pueden ser los adjetivos que describan al personaje de Oliver: manipulador, malvado, cruel… pero lo que no podemos decir en ningún caso es que sea “bueno”.

Si tuviera que hacer un resumen de lo que encontraremos en esta novela copiaría hasta la última palabra de la sinopsis. Durante toda su vida Oliver Ryan ha mantenido una imagen de triunfador ante los demás: es un escritor de cuentos de éxito, su esposa Alice le apoya y le ama incondicionalmente y ha mantenido ocultas todas las sombras de su pasado. Pero un día es detenido tras haberle dado una paliza a su mujer y dejarla en coma y, a partir de ese momento, se nos irán desvelando las razones que le han llevado a actuar de ese modo.

Creo que uno de los aciertos de la novela es su estructura. Cada capítulo da voz, en primera persona, a alguna de las personas que coincidieron con Oliver en algún momento de sus vidas, de manera que tenemos la sensación de estar sentados frente a ese personaje mientras nos relata la sorpresa al conocer la noticia de su detención, cómo le conocieron y lo que saben de él, para terminar reconociendo que en realidad no le conocen en absoluto.Y luego están los capítulos (con los que más he disfrutado) en los que es el propio protagonista el que nos confiesa sus pensamientos, los actos que han marcado su vida y que explican cómo se ha convertido en la persona que es.

Reconozco que encuentro un placer insano cuando me topo con personajes como este. Sorprende su absoluta falta de escrúpulos y empatía, la manera de despreciar y manipular a todos aquellos que están a su alrededor, de actuar siempre en su propio beneficio careciendo de remordimientos. Ni siquiera el hecho de que nos hable de una infancia miserable consigue que le justifiquemos cuando tenemos ante nosotros a un auténtico sociópata.

El bueno de Oliver es una novela original, bien narrada y de la que es difícil alejarse. En apenas trescientas páginas me he sentido como uno más de sus personajes secundarios: he dejado que la personalidad de Oliver me cautive, me sorprenda y me fascine al mismo tiempo, y la mayoría de las veces no por buenas razones. En mi caso, Liz Nugent se ha convertido en una escritora a tener en cuenta.